Hace mucho que no escribo en el blog. Y lo echaba en falta. De vez en cuando me gusta poner por escrito algunos de los recuerdos más importantes de mi vida; recuerdos, muchos de ellos, que tan solo rememoraré con estos breves escritos y alguna que otra foto y vídeo, ya que rápidamente pasarán a un segundo o tercer plano en mi memoria...
Uno de ellos, sin duda, mi primer cumpleaños. Recuerdo a mis papás eufóricos y desbordados de ilusión. Preparativos, comida familiar, tarta con los tíos y los primos,... Y un terrible catarro por parte del que escribe que apenas me dejó disfrutar de la fiesta!! Para mí era todo extraño: tanta gente, tanta comida, tantos paquetes, tantas voces,... Todo ello resonaba dentro de mí como una grave voz de ultratumba.
Era mi primer cumpleaños; no entendía lo que eso significaba, tan solo que mis papás y abuelitos me preguntaban algo y yo respondía levantando tímidamente mi dedito índice. Sin embargo, todo a mi alrededor me indicaba que un primer cumpleaños era algo divertido y que, sin duda, tenía que celebrarlo a lo grande; pero mi catarro era más poderoso que todo ello.
Ya era tarde para cancelar o aplazar la fiesta. Todo el mundo estaba avisado y había hecho sus planes en función de esta celebración. Así que no me quedaba más remedio que aguantar como un grandullón -porque ya era un grandullón- el chaparrón que se me venía encima.
Lo pasé victorioso. Disfruté jugando con mis primos, con mi gatita (que poco después se despediría definitivamente de mí), con mis nuevos juguetes, e incluso comí un poco de esa tarta casera que mamá había improvisado aquella mañana.
Era domingo 3 de abril. El lunes, amanecería aún sin haber cumplido los doce meses de edad. No se produciría el cambio hasta las 22:25 de la noche. Pero el lunes era día de cole. Allí lo celebraría de nuevo con mis amigos de la guardería y con mis papás, con mi corona de papel y más felicitaciones.
Hola niños y niñas.. Este soy yo, bueno, así era yo mucho antes de nacer. Ese día aún estaba en la tripita de mamá y fue la primera vez que me vieron de verdad.. era mi segundo mes de embarazo y fue muy emocionante. Tan solo media 2.68 cm pero ya podía verse mi cabecita, mis manitas y mi tripiiita.. Jo.. con lo a gustito que se estaba yo en la tripita de mamá.
Mi nombre es Ángel, tengo casi 10 meses de edad y soy el blogger que gestiona este sitio..
A continuación voy a presentaros mi mundo, mis progresos, mis aventuras, mis pequeñas gamberradas y todo aquello que rodea mi día a día.
Ya voy a la guardería, y gracias a las didácticas de estimulación temprana a la que me somenten mis papis y maestras ya soy capaz de llevar todo esto yo solito.
Espero que os guste, que disfrutéis mucho con mis aventuras y que día a día entre todos aprendamos muchas cosas y lo pasemos muy bien.
Besitos a todos y Bienvenidos
jueves, 28 de julio de 2011
miércoles, 16 de marzo de 2011
CARNAVAL, CARNAVAL!!!
Aún no sé qué es eso del Carnaval. no entiendo qué significa toda esa gente que aparenta ser quien no es y que va armando bullicio por la calle. Las ferias, el algodón dulce, las chirigotas,... Sin embargo, ¡¡me encanta!!
Mi primer disfraz de Carnaval fue diseñado y elaborado por una modista de alto postín: mi abuelita. Con sus menesterosas manos, hizo el diseño y confeccionó un gracioso disfraz de abejita para mi primito Miguel y para mí.
Fuimos los dos igualitos a la guardería, así que supongo que a nadie le quedó duda de que tenemos algún tipo de relación entre nosotros... Nuestros compis iban muy graciosos y originales: de tortuga, pingüino, princesa, Spiderman, Caperucita,... Otra niña también se disfrazó de abejita, pero claro, su disfraz era de reina abeja, nosotros íbamos de zánganos, así que nuestro disfraz era distinto... jeje...
Aquí os dejo una foto de lo requetesalados que íbamos. Eso sí, con ciertas dificultades para mantener el gorrito bien puesto...
Mi primer disfraz de Carnaval fue diseñado y elaborado por una modista de alto postín: mi abuelita. Con sus menesterosas manos, hizo el diseño y confeccionó un gracioso disfraz de abejita para mi primito Miguel y para mí.
Fuimos los dos igualitos a la guardería, así que supongo que a nadie le quedó duda de que tenemos algún tipo de relación entre nosotros... Nuestros compis iban muy graciosos y originales: de tortuga, pingüino, princesa, Spiderman, Caperucita,... Otra niña también se disfrazó de abejita, pero claro, su disfraz era de reina abeja, nosotros íbamos de zánganos, así que nuestro disfraz era distinto... jeje...
Aquí os dejo una foto de lo requetesalados que íbamos. Eso sí, con ciertas dificultades para mantener el gorrito bien puesto...
CONOCIENDO MI CASITA
Con mis diez meses y medio, estoy hecho un auténtico explorador. Jesús Calleja, a mi lado, ¡¡un principiante!! Y es que como siga este camino, mis papis me ven dentro de unos años presentando un programa de deporte extremo o de escalada...
Aún no soy capaz de mantenerme de pie yo solito, sin apoyo; sin embargo, mis ganas por conocer de primera mano todo lo que me rodea me animan a superarme a mí mismo cada día.
Mi último logro consistió en subir nada más y nada menos que ocho peldaños de las escaleras de mi casita. La curva que hacen las escaleras a mitad de camino cerraron mi espacio y no dejaron sitio para colocar mi inexperto pero ansioso piececito.
Durante los últimos días ya había hecho varios intentos. Infructuosos, no tanto por no ser capaz de hacerlo (no llegué a ponerme a prueba a mí mismo), como al miedo de mamá a que lo intentara tan pequeñín como soy.
Pero aquí tenéis un pequeño testigo de mi nuevo éxito.
Aún no soy capaz de mantenerme de pie yo solito, sin apoyo; sin embargo, mis ganas por conocer de primera mano todo lo que me rodea me animan a superarme a mí mismo cada día.
Mi último logro consistió en subir nada más y nada menos que ocho peldaños de las escaleras de mi casita. La curva que hacen las escaleras a mitad de camino cerraron mi espacio y no dejaron sitio para colocar mi inexperto pero ansioso piececito.
Durante los últimos días ya había hecho varios intentos. Infructuosos, no tanto por no ser capaz de hacerlo (no llegué a ponerme a prueba a mí mismo), como al miedo de mamá a que lo intentara tan pequeñín como soy.
Pero aquí tenéis un pequeño testigo de mi nuevo éxito.
domingo, 27 de febrero de 2011
UN PASEO SOBRE RUEDAS
El día ha amanecido resplandeciente. Hoy es uno de esos días primaverales en plena estación de invierno. Mis papás han decidido salir a dar un paseo en bici los tres juntos. No, aún no sé montar en bici. Ni siquiera me mantengo aún derechito yo solito sobre el "twingo" correpasillos que me regaló mi tío Teo hace unas semanas. A mí me tienen reservado un trocito del velocípedo de mi papá, regalo de su cumpleaños.
Efectivamente, el sol brillaba con todo su esplendor; sin embargo, el aire frío que soplaba nos recordaba que aún era mes de febrero en el Hemisferio Norte, es decir, pleno invierno.
Efectivamente, el sol brillaba con todo su esplendor; sin embargo, el aire frío que soplaba nos recordaba que aún era mes de febrero en el Hemisferio Norte, es decir, pleno invierno.
Muy abrigadito, de los pies a la cabeza, sujeto fuertemente con el arnés de mi sillita, comenzó el viaje!!! Mis ojos brillaban de ilusión y hacían chiribitas. No podía apartar la mirada de las ruedas de la bici de mi mamá, que viajaba a nuestra vera, y mi gesto de sorpresa era aún mayor al comprobar que éstas se movían al ritmo que marcaban sus pies al girar. ¡Qué magia tan extraña!
A cada giro, nos encontrábamos en un lugar distinto, a una corta distancia del punto anterior, pero distinto. La ilusión no fue tan emocionante como cuando di mis primeros pasos de la mano de mis papis, pero desde luego fue también mayúscula.
La luz y el calor del sol, el abrigo y la seguridad que me daba ir guiado por mi papi, hicieron aún más placentero el paseo a orillas del Esgueva rumbo a Valladolid, a casa de mi primo Miguel.
Allí pasamos el resto del día, descansando y recuperando fuerzas para el viaje de vuelta.
Doce kilómetros recorrimos en su totalidad. Doce emocionantes kilómetros que no me quise perder ni un momento. No parpadeaba, por si acaso en uno de esos instantes mis ojos se cerraban y me quedaba dormido. Doce kilómetros de una experiencia nueva de tantas otras que me quedan por descubrir y disfrutar junto a mi papás...
sábado, 12 de febrero de 2011
Mi nuevo dormitorio
Hace unas semanas comencé a sentir el inmenso placer que produce el poder desplazarse de un extremo a otro de la habitación. Arrastrándome, gateando y dando grandes zancadas sujeto a las firmes y seguras manos de mis papás, exploraba cada rincón de la casa. Mis padres se van dando cuenta, poco a poco, de la cantidad de riesgos que una casa tiene, y cada día hacen algo nuevo al respecto por mi seguridad: tapan enchufes, quitan objetos rompibles a mi alcance,...
Cada día es un nuevo logro para mí. Un día aprendí a doblar una rodilla, otro conseguí doblar las dos y sostenerme en esta postura, poco después logré incorporarme y ponerme de pie, sujeto a algún objeto,... Eran tantos, tan grandes y tan rápidos mis logros, que mi mente comenzó a inquietarse. Ya no era capaz de mantenerme tranquilo en mi cunita. En cuanto sentía que mi espalda rozaba el colchón, rápidamente mi ágil cerebrito se activaba y comenzaba a dar órdenes: siéntate, túmbate, ponte boca abajo, vuelve a sentarte, ponte de pie, túmbate de nuevo,... Pero este ritual que se convirtió en una constante diaria cada noche antes de dormirme, se convirtió también en una costumbre que acompañaba a mis sueños.
Mis largas noches durmiendo de un tirón desde que era muy pequeñito pasaron a ser noches interrumpidas por un "no sé cómo ponerme". La cuna, un inmenso espacio para mí cuando abandoné el reducido vientre de mamá, de repente era un lugar que me impedía dar rienda suelta a todos esos movimientos que bailaban en mi mente.
La decisión de mis padres fue inevitable. De la cuna a la cama. Con cierto miedo por cambiarme de habitación y sentirme más alejado, por cuidar de que no me cayera de la cama y por ver si era capaz de adaptarme a mi nuevo entorno nocturno, una noche, sin previo aviso, se produjo el cambio. Tras algunas horas quejándome y rezongando en la cuna, papá y mamá optaron por llevarme a mi nuevo dormitorio. Y mano de santo... El resto de la noche dormí como un lirón...
Cierto es que ya conocía mi habitación. En ella me había echado ya más de una siestecilla y, cuando papá pintó las paredes, se preocupó mucho de que yo me familiarizara con su nuevo aspecto. por eso, la adaptación fue rápida.
Es cierto que pasar una noche entera durmiendo en la cama implicaba ciertos riesgos no tan obvios como dormir una simple siesta. Ocho, nueve o diez horas seguidas durmiendo... ¿Y si me despertaba y me daba por gatear de un lado a otro de la cama, como me gustaba hacer cuando estaba despierto? Toda precaución era poca. La cama pegada a la pared, una barrera protegiendo el otro lateral y cojines y almohadas por doquier por todos aquellos huecos que quedaban libres.
Noche tras noche me acostumbraba cada vez más al cobijo de mi camita y mi nuevo dormitorio. Cada día mis papás me dejaban acostados con la seguridad, cada vez mayor, de que no corría ningún riesgo.
Ya he cumplido los 10 meses de edad. Sin duda, este cambio supone un pequeño paso en la vida de los hombres, pero un gran paso para mí...
Cada día es un nuevo logro para mí. Un día aprendí a doblar una rodilla, otro conseguí doblar las dos y sostenerme en esta postura, poco después logré incorporarme y ponerme de pie, sujeto a algún objeto,... Eran tantos, tan grandes y tan rápidos mis logros, que mi mente comenzó a inquietarse. Ya no era capaz de mantenerme tranquilo en mi cunita. En cuanto sentía que mi espalda rozaba el colchón, rápidamente mi ágil cerebrito se activaba y comenzaba a dar órdenes: siéntate, túmbate, ponte boca abajo, vuelve a sentarte, ponte de pie, túmbate de nuevo,... Pero este ritual que se convirtió en una constante diaria cada noche antes de dormirme, se convirtió también en una costumbre que acompañaba a mis sueños.
Mis largas noches durmiendo de un tirón desde que era muy pequeñito pasaron a ser noches interrumpidas por un "no sé cómo ponerme". La cuna, un inmenso espacio para mí cuando abandoné el reducido vientre de mamá, de repente era un lugar que me impedía dar rienda suelta a todos esos movimientos que bailaban en mi mente.
La decisión de mis padres fue inevitable. De la cuna a la cama. Con cierto miedo por cambiarme de habitación y sentirme más alejado, por cuidar de que no me cayera de la cama y por ver si era capaz de adaptarme a mi nuevo entorno nocturno, una noche, sin previo aviso, se produjo el cambio. Tras algunas horas quejándome y rezongando en la cuna, papá y mamá optaron por llevarme a mi nuevo dormitorio. Y mano de santo... El resto de la noche dormí como un lirón...
Cierto es que ya conocía mi habitación. En ella me había echado ya más de una siestecilla y, cuando papá pintó las paredes, se preocupó mucho de que yo me familiarizara con su nuevo aspecto. por eso, la adaptación fue rápida.
Es cierto que pasar una noche entera durmiendo en la cama implicaba ciertos riesgos no tan obvios como dormir una simple siesta. Ocho, nueve o diez horas seguidas durmiendo... ¿Y si me despertaba y me daba por gatear de un lado a otro de la cama, como me gustaba hacer cuando estaba despierto? Toda precaución era poca. La cama pegada a la pared, una barrera protegiendo el otro lateral y cojines y almohadas por doquier por todos aquellos huecos que quedaban libres.
Noche tras noche me acostumbraba cada vez más al cobijo de mi camita y mi nuevo dormitorio. Cada día mis papás me dejaban acostados con la seguridad, cada vez mayor, de que no corría ningún riesgo.
Ya he cumplido los 10 meses de edad. Sin duda, este cambio supone un pequeño paso en la vida de los hombres, pero un gran paso para mí...
domingo, 16 de enero de 2011
Queremos marcha, marcha..!! (o no)

Hola pequeños compañeros de aventuras..
Esta semana voy a contaros mis impresiones sobre las largas tardes de alegría y alboroto en casa de mis abuelitos.
Qué ganas tengo de volver a la rutina.. Las fiestas navideñas tienen estas cosas.. Sales de viaje, duermes en casa, comes a deshora, bebes más de la cuenta (bueno, eso yo no) y sobre todo mucha fiesta, alegría y jolgorio. Cantamos villancicos, abrimos regalos, descubrimos nuevos usos para objetos tradicionales y sobre todo jugar y jugar y jugar.. Lo mejor, lo más curioso, es que todo el mundo quiere jugar con nosotros, los peques. Es como si de repente una blanca luz bajase del cielo y nos iluminara con su potente luz..
Así, casi sin darme cuenta, me encontré una tarde, en casa mis abuelitos, sentando en la alfombra de juegos y rodeado de mayores que no hacían más que llamarme sin parar..
Vaya lío, tanta gente a mi alrededor, mirándome, llamándome, diciéndome cosas, tocándome, atrayendo mi atención.. mi primo tratando de cogerme de las manos, mis tíos enseñándome juguetes repletos de luces y sonidos extraños, mi abuelito haciéndome fotos, mamá proclamando mis proezas a los cuatro vientos, papá cantando villancicos, soplando el matasuegras a la par que trataba de ponerme encima una de esas pelucas plateadas de noches de fiesta y diversión.... ¡¡ Qué locura !!
Vaya lío, tanta gente a mi alrededor, mirándome, llamándome, diciéndome cosas, tocándome, atrayendo mi atención.. mi primo tratando de cogerme de las manos, mis tíos enseñándome juguetes repletos de luces y sonidos extraños, mi abuelito haciéndome fotos, mamá proclamando mis proezas a los cuatro vientos, papá cantando villancicos, soplando el matasuegras a la par que trataba de ponerme encima una de esas pelucas plateadas de noches de fiesta y diversión.... ¡¡ Qué locura !! La verdad es que al principio, tanta alegría, tanta diversión, me encantó. Pero sinceramente.. llegó un momento en que me descontrolé.
Los peques somos como pequeños relojes de precisión. Tenemos nuestras pequeñas rutinas que nos ayudan a organizarnos el día y nos dan seguridad. Aún no soy capaz de entender el paso del tiempo, por eso, saber qué va a pasar a continuación supone una gran ayuda para mí. Esas rutinas diarias que se repiten sistemáticamente al comer, al dormir, en el baño, me facilitan la vida porque me permiten saber en qué momento del día estoy, qué se espera de mí y cómo debo comportarme en una u otra situación.
Por eso, y hablo en nombre de todos los peques del mundo, pedimos a papis, abuelitos, tíos, primos y demás familiares queridos, que en estos días tan especiales sean respetuosos con nuestras rutinas.. Que disfruten y sean felices con nosotros, pero que no se olviden que nuestros pequeños organismos necesitan de esas pequeñas cosas que nos ayudan a sentirnos seguros. Ya que si bien es cierto que un entorno familiar estimulante facilita el desarrollo y consolidación de nuestras capacidades cognitivas, afectivas, emocionales, motrices o relacionales, un exceso de estímulos nos altera un montón.
En cualquier caso... je je, éstas han sido mis primeras navidades y quiero que todos sepáis que he sido muy, muy FELIZ.
jueves, 23 de diciembre de 2010
Felices Fiestas a todos !!
Buenos niños y niñas..
Después de unas semanas en las que he estado bastante ocupado poniéndome al día con un montón de cosas que debo aprender, aquí estoy de vuelta. Durante estas semanas he viajado mucho, me fui con mis papis hasta el Pirineo francés a disfrutar de la montaña.. allí disfruté por primera vez del frescor de la nieve, del aire puro de las cumbres nevadas y de los deportes típicos de estos lugares: el snowboard. Bueno, en mi caso me tuve que conformar con un trineo algo más chico.
Durante las largas horas de viaje tuve tiempo para darme cuenta de lo importante que es viajar seguro. Las normas de circulación, el uso del cinto, una sillita adecuada, saber comportarse dentro del coche.. Todo ello puede suponer la diferencia entre unas felices vacaciones o una mala experiencia.
A la vuelta tenía muchas ganas de reunirme con mi familia, con mis tíos, primos y abuelitos... Así que les propuse juntarnos todos a comer un día y montar una pequeña fiesta familiar. Jo, que bien lo pasamos. Me lo pasé en grande con mis primos Miguel, Eva y Sara, que me regalaron una preciosa felicitación navideña hecha con sus propias manitas, y que he puesto junto al Belén
El regreso a la guardería me recordó lo bien que me lo paso con mis amiguitos del cole.. y lo mucho que me gusta aprender cosas nuevas. Ahora voy al cole también con mi primo, que solo es 20 días y una hora exacta más pequeño que yo. Pronto nos conoceremos mejor y llegaremos a ser también muy buenos amigos. Estos días estamos trabajando la comunicación y los desplazamientos. Ángela, que así se llama mi profe ha dicho a mis papás que este año es importante que aprenda a ser autónomo y para ello es fundamental que aprenda a desplazarme y a andar y que debo ir aprendiendo los usos y costumbres de nuestra cultura corporal para poder crecer y convertirme en todo un machote. Respecto a lo de comunicarme, eso es lo que más me gusta, porque parezco una cotorra.. No paro de repetir y de imitar todo lo que veo.. y mis papis se quedan atontados mirando las gracias que hago.. Jo, como me gusta crecer.
Y ahora aquí estoy de nuevo para felicitaros estas entrañables fiestas navideñas. He hecho una postal digital, que ahora están tan de moda. Espero que os guste y que llene vuestros corazones de paz, felicidad y amor..
Yo tengo muchas ilusiones puestas en estas fechas. Aun no sé que es la navidad.. pero no pienso perder ni un solo segundo sin aprender nada nuevo sobre estas fiestas ancestrales.
En fín, espero que os guste de verdad. Prometo seguir contando más cositas de mi corta y feliz existencia.
Un beso a todos y todas..
Ángel..
ah!! y portaos bien o los Reyes Magos no os traerán nada de nada..
Ups.. os cuento un secreto?? Creo que mi papi ha pedido para estas fiestas una buena nota para su asignatura de Nuevas Tecnologías.. Lo sé porque durante estos meses ha puesto mucho empeño e ilusión por aprender mucho y hacer las cosas lo mejor posible. A ver si tiene suerte.
Después de unas semanas en las que he estado bastante ocupado poniéndome al día con un montón de cosas que debo aprender, aquí estoy de vuelta. Durante estas semanas he viajado mucho, me fui con mis papis hasta el Pirineo francés a disfrutar de la montaña.. allí disfruté por primera vez del frescor de la nieve, del aire puro de las cumbres nevadas y de los deportes típicos de estos lugares: el snowboard. Bueno, en mi caso me tuve que conformar con un trineo algo más chico.
Durante las largas horas de viaje tuve tiempo para darme cuenta de lo importante que es viajar seguro. Las normas de circulación, el uso del cinto, una sillita adecuada, saber comportarse dentro del coche.. Todo ello puede suponer la diferencia entre unas felices vacaciones o una mala experiencia.A la vuelta tenía muchas ganas de reunirme con mi familia, con mis tíos, primos y abuelitos... Así que les propuse juntarnos todos a comer un día y montar una pequeña fiesta familiar. Jo, que bien lo pasamos. Me lo pasé en grande con mis primos Miguel, Eva y Sara, que me regalaron una preciosa felicitación navideña hecha con sus propias manitas, y que he puesto junto al Belén
El regreso a la guardería me recordó lo bien que me lo paso con mis amiguitos del cole.. y lo mucho que me gusta aprender cosas nuevas. Ahora voy al cole también con mi primo, que solo es 20 días y una hora exacta más pequeño que yo. Pronto nos conoceremos mejor y llegaremos a ser también muy buenos amigos. Estos días estamos trabajando la comunicación y los desplazamientos. Ángela, que así se llama mi profe ha dicho a mis papás que este año es importante que aprenda a ser autónomo y para ello es fundamental que aprenda a desplazarme y a andar y que debo ir aprendiendo los usos y costumbres de nuestra cultura corporal para poder crecer y convertirme en todo un machote. Respecto a lo de comunicarme, eso es lo que más me gusta, porque parezco una cotorra.. No paro de repetir y de imitar todo lo que veo.. y mis papis se quedan atontados mirando las gracias que hago.. Jo, como me gusta crecer.
Y ahora aquí estoy de nuevo para felicitaros estas entrañables fiestas navideñas. He hecho una postal digital, que ahora están tan de moda. Espero que os guste y que llene vuestros corazones de paz, felicidad y amor..
Yo tengo muchas ilusiones puestas en estas fechas. Aun no sé que es la navidad.. pero no pienso perder ni un solo segundo sin aprender nada nuevo sobre estas fiestas ancestrales.
En fín, espero que os guste de verdad. Prometo seguir contando más cositas de mi corta y feliz existencia.
Un beso a todos y todas..
Ángel..
ah!! y portaos bien o los Reyes Magos no os traerán nada de nada..
Ups.. os cuento un secreto?? Creo que mi papi ha pedido para estas fiestas una buena nota para su asignatura de Nuevas Tecnologías.. Lo sé porque durante estos meses ha puesto mucho empeño e ilusión por aprender mucho y hacer las cosas lo mejor posible. A ver si tiene suerte.
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